¿Tienen política los artefactos?

 

Winner, en el capitulo “los artefactos tienen política” de su libro La Ballena y El Reactor (1987) concibe una forma diferente de percibir los avances tecnológicos y establece que los artefactos mantienen una relación con su entorno social. Partiendo de dicha afirmación, el autor pone en discusión la manera en cómo los artefactos pueden encarnar formas especificas de poder y autoridad. A partir de lo anterior, Winner plantea la idea de que “lo que importa no es la tecnología misma, sino el sistema social o económico en el cual está incluida” (Winner, p.36). El autor considera que los artefactos en si no tienen política, pero si causan un impacto social al interactuar con una determinada comunidad y dicha interacción les da un valor político. Para Winner, los artefactos contienen propiedades políticas concretas, pues inciden directamente en el desarrollo social, por lo cual tienen la capacidad de moldear al ser humano y afectar su relación con el entorno.

 

Para Winner, la tecnología puede poseer propiedades políticas de dos formas distintas. “En primer lugar, se encuentran las instancias en las cuales la invención (...) de un sistema técnico se convierte en una manera de resolver un tema en los asuntos de una comunidad” (Winner, p.38). Es decir, que los avances tecnológicos permiten resolver un objetivo en concreto. Esta forma de propiedad política se puede ver evidenciada con un ejemplo que Winner cita en su lectura sobre la construcción de pasos en Long Island en Nueva York. En el ejemplo, el diseño de estos pasos permitía únicamente el tránsito de automóviles y no de buses, que usualmente era el transporte utilizado por los afroamericanos lo cual demuestra un deseo clasista por parte del arquitecto que lo diseñó. Lo anterior, permite evidenciar que el poder político se puede transmitir a través del uso de los artefactos que se manifiestan como herramientas promotoras de discursos de odio y segregación racial. Así pues, como señala el autor, “el cambio tecnológico expresa una gran cantidad de motivos humanos, muchos de los cuales es el deseo de algunos de ejercer dominio sobre otros” (Winner, p.40)


 

 

Por otro lado, “en segundo lugar, se encuentran los casos que pueden denominarse de “tecnologías inherentemente políticas”. (Winner, p.38). En este caso, los artefactos se caracterizan por tener una función que posee obligatoriamente una connotación social. En palabras del autor, “un sistema técnico (…) requiere la creación y mantenimiento de un conjunto especial de condiciones sociales como medio operador de dicho sistema” (Winner, p.48), en otras palabras, se refiere a que existen artefactos tecnológicos que están por si mismos cargados políticamente, pues para funcionar requieren de ciertas condiciones sociales. Un ejemplo de lo anterior es la tesis de Engels, la cual “se refiere a las relaciones sociales internas que supuestamente se requieren dentro de las fábricas de algodón y los ferrocarriles” (Winner, p.50) para poder funcionar adecuadamente. Si los artefactos no tuvieran política, los sistemas sociales no funcionarían de la misma manera. Desde este punto de vista, las formas de interacción social están dadas por la política que se desprende de los artefactos.

 

Ahora bien, realmente Winner no presenta una postura clara frente al tema, pues la respuesta de si los artefactos poseen o no política no puede ser cuestión de “si” o “no”. En mi opinión, no todos los sistemas tecnológicos necesitan ser compatibles con ciertos tipos de relaciones sociales, porque indudablemente, hay que partir de la premisa de que no todos los artefactos en si tienen política, pues, en definitiva, no dejan de ser objetos inanimados dentro de un contexto determinado. Mas bien, lo que le da política a los artefactos son las motivaciones de las personas que los construyen. Un ejemplo de ello es un arma, que por sí sola no representa un riesgo, pero la intención con la que fue construida fue para asesinar y a través de la motivación que se le da adquiere su valor. En conclusión, la tecnología esta intrínsecamente presente en la interacción social, pues la invención de los artefactos y la tecnología presuponen una materialización en las relaciones de poder. En este sentido, los artefactos si tienen una fuerza política, pues las nuevas tecnologías son instrumentos capaces de consolidar y transmitir una autoridad y una supremacía, dando privilegios a ciertos actores sociales por encima de otros, tal y como sucede en la política tradicional.

 

Referencias:

Winner, L. (1982) ¿Los artefactos tienen política? en: El reactor y la ballena: una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología, Barcelona: Gedisa.

 

 

Elaborado por:

Andrés David Villamizar.

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