En la mística ciudad de la luna, vive un personaje que nunca pasa desapercibido, una silueta muy querida y admirada por las personas que lo conocen y llamativa para las que no. Hablamos de Toño, un hombre que ha dedicado gran parte de su vida a enseñar y fomentar el arte y la cultura, estandartes con un valor simbólico y emocional que él mismo define como “alimento para el alma”.
Llegó el día de nuestro encuentro, Toño, como prefiere que le llamen, es como yo esperaba, una persona de avanzaba edad que mantiene todavía una ingenua sonrisa que lo hace parecer un hombre joven, posee unos ojos claros y tenues, al igual que su voz, que se va desvaneciendo con el paso del tiempo. Le cuento que he escuchado mucho sobre él, sobre su trabajo y lo que hace. Lentamente, tímido pero orgulloso, empieza a “romper el hielo”, me comenta que su gran pasión son las artes escénicas y en especial los títeres, los cuales lo han acompañado más de 40 años. Escucho atentamente y procuro responder con el mismo sentimiento que expresa Toño al relatar muy brevemente algunas de sus anécdotas. Intento generar un ambiente de empatía con él, lo cual se ve reflejado al poco tiempo; después de un par de minutos nuestra conversación fluye con naturalidad.
Este apasionado por las marionetas y el teatro, maestro de artes escénicas más por vocación que por profesión, se desempeña actualmente como gestor cultural en el municipio de Chía. Le encanta leer y escribir cuentos infantiles, trabaja creando espacios de formación integral a través de la lectura con los más pequeños y cuenta con su propio show de títeres, con el cual busca siempre dejar una enseñanza a las personas que él más admira, los niños.
- “Los niños son seres puros, ellos son el estamento más bonito de la sociedad… en los niños uno encuentra sinceridad absoluta, una espontaneidad única”. Estas palabras, tal vez lo hacen recordar momentos de su infancia, esa época de su vida en donde nació la inspiración, lo que él llama la “magia ancestral”, es decir, la pasión y la vocación que lo han acompañado “más tiempo del que esperaría”, dice en tono sarcástico.
Oriundo de la ciudad de Cúcuta, este personaje desde pequeño siempre se sintió atraído por los títeres, la actuación y el espectáculo. Su mayor sueño era convertirse en un gran actor. Durante su época de escuela, era frecuentemente seleccionado para interpretar personajes en obras de teatro y sus compañeros lo conocían como “el payaso de la clase”, caracterizado por su espontaneidad y su facilidad para entretener a las personas.
A los 16 años y recién terminado su bachillerato, Toño, proveniente de un hogar humilde, salió de su casa a buscar mejores oportunidades para él y su familia. “Mis padres no tenían los recursos suficientes para asegurarme una buena educación”, relata mientras observa fugazmente la ventana que está a su lado. Finalmente, después de no contar con suerte aquí en Colombia, decidió irse a vivir a Venezuela, donde pudo estudiar en una academia de teatro y empezó a construir su sueño de ser un gran artista.
- “Al principio fue difícil, el mundo allá afuera es otra cosa…pensé que no lo iba a lograr”. Son las palabras que pronuncia Toño cuando decido preguntarle por sus primeros pasos en el mundo de las artes escénicas. Sin embargo, relata que, a pesar de las dificultades, los años en la academia fueron de los más gratificantes de su vida. Sus pupilas se dilatan cuando recuerda aquellas épocas, dejando entrever un gesto de ternura como el que hace una persona cuando esta enamorada.
- “Allí viví momentos únicos, conocí personas increíbles, entre ellas, a la que sería el motor de mi vida; la mujer que me acompañaría en mis próximas aventuras”, evoca emocionado. Observo la reacción de Antonio y decido preguntarle qué relación encuentra entre el amor y el arte, me mira intrigado y piensa antes de contestar.
“-Yo digo que el amor y el arte se parecen en que son dos expresiones de libertad. La gente debería amar libremente a quien quiera amar, a quien sienta que le llena su alma…el arte es igual.”
Y es precisamente ese amor hacia el otro lo que caracteriza a Toño, una persona muy servicial que se entrega a los demás completamente sin distinciones ni prejuicios.
En sus años como estudiante de teatro era reconocido por sus compañeros y profesores por esta faceta de su personalidad, el altruismo. La gente lo recuerda como aquel muchacho bondadoso que siempre se preocupaba por sacarle una sonrisa a los demás. “Siempre he procurado que mis acciones dejen un impacto positivo en la comunidad de la que hago parte”.
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Cuando terminó sus estudios en la academia de actuación, el panorama no era muy alentador, Toño sabia a lo que se enfrentaba. “-Tristemente, el teatro y más los títeres son profesiones que no son muy valoradas por la sociedad”, dice con sabiduría. “Evidentemente, conseguir trabajo fue difícil”. Toño se le ve un poco afectado cuando recuerda esta etapa de su vida.
¿Tuviste algún momento frustrante en tu carrera?, le pregunto yo de manera respetuosa y compartiendo su tristeza al ver su rostro un poco decaído producto de la amargura del momento.
- “Al finalizar mis estudios en Venezuela, volví a Cúcuta y me encontré con una no tan grata sorpresa…”. El padre de nuestro personaje se encontraba gravemente enfermo y poco tiempo después de que Antonio volviera su casa, el falleció.
- “Fue muy duro para mí, no es fácil perder un ser querido …Por lo menos estoy tranquilo de saber que pude estar con él en sus últimos días y lo vi partir en paz, ahora sé que descansa en un lugar mejor”.
Sin embargo, toda esta experiencia le dio a Toño mas ánimos y ganas de seguir luchando por su sueño, el cual, con el paso del tiempo y gracias a las experiencias vividas, fue tomando un nuevo rumbo.
“Cuando salí de casa soñaba con ser actor…después de vivir muchas situaciones, me di cuenta de que debía ayudar a mejorar a la sociedad y que la mejor manera de hacerlo era promulgando los valores en los más pequeños a través de lo que yo sabía hacer”
Es así como nuestro personaje, después de atravesar por diferentes circunstancias donde experimento momentos emocionalmente fuertes, fue forjando su destino y fue construyendo su propio camino el cual hasta ahora ha sido “lleno de momentos gratos que quedaran para el recuerdo y otros no tanto, pero que de igual forma han sido parte de esta historia que aún no acaba”
- ¿Existe algún momento que recuerdes o que te haya marcado de manera especial?, le pregunto yo con el objetivo de conocer a fondos sus sentimientos y acercarme mas al personaje, construyendo de esta manera un conocimiento interpersonal que refleje el carácter humanista de esta entrevista.
- “Hubo varios momentos especiales…aunque hay uno que recuerdo mucho que me impactó”, menciona Toño mientras su expresión refleja una alegría sincera que responde a su personalidad y la amabilidad que ha mostrado a lo largo de nuestro encuentro.
“Recién llegado a la capital, como a los 26 o 27 años, recuerdo que me llamaron para presentar mi show de títeres en el cumpleaños de una niña de 10 añitos… Después de la presentación, la bisabuela de la niña, como de 90 años, (dice entre risas) se levanto y me dio las gracias porque nunca en su vida había visto un espectáculo tan bonito y puro… a ella y a mi se nos aguaron los ojos y no pudimos contener las lágrimas, fue un momento realmente especial, bastante emotivo”.
A pesar de esos instantes, donde “se puede respirar la magia en estado puro”, Toño reflexiona y me cuenta que aun existen varios proyectos que falta materializar y que quedan unos cuantos sueños por cumplir.
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Entre sus deseos y ambiciones, se encuentra formar una cultura que valore el arte y aprecie de verdad lo que implica ser artista. “la gente no comprende todavía el valor que tienen las artes escénicas y en general la cultura… debemos aprender a formar público y eso empieza desde cada uno… Si nos enseñaran desde pequeños a ver con otros ojos las artes y las humanidades, probablemente el mundo sería un poco mejor”.
En cuanto a su proyecto de vida, relata que en general se encuentra satisfecho, aunque todavía no siente que haya llegado a la autorrealización, es decir a la cumbre en la pirámide de Maslow. Por estos días, viajará a México con el grupo de teatro de la casa de la cultura de Chía a representar a nuestro país en un evento de talla internacional. Sin más y con una sonrisa, me despido de Toño agradeciéndole por su tiempo y deseándole la mejor de las suertes en esta nueva etapa de su vida.


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